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Ha sido uno de los mejores directores que ha
tenido el Real Madrid en sus distintas épocas. Desde su puesto de líbero o
desde el centro del campo, Ricardo Gallego fue una referencia para el equipo.
Su elegancia y distinción a la hora de manejar la pelota le valieron el
reconocimiento de la afición. Llegó al Club, joven, muy joven, y en él se
formó, peldaño a peldaño hasta escalar a lo más alto. Su salto al primer equipo
coincidió con uno de los ciclos de menos éxitos, sin embargo, su aportación fue
vital en los triunfos que llegaron campaña tras campaña. Hoy, desde un despacho
del Santiago Bernabéu, dirige todo lo relativo a los Palcos VIP del Real
Madrid, con la misma eficacia y brillantez con que se empleó en su época de
jugador. Socio, aficionado y jugador del... Infantil A los tres años ya sabía cómo era el Estadio Bernabéu por dentro y cuál era su equipo favorito. Venía con su padre que era socio. Ricardo se hizo socio en el año 1965. Más tarde, ya jugador del Madrid, tuvo que dejarlo porque había una norma en el Club que los empleados no podían ser socios. La primera aproximación de Ricardo Gallego al Club, con aspiraciones de pertenecer a él como jugador, no fue muy halagüeña. Corrían los primeros días del año 1973 y el joven Ricardo, junto a su primo, rellenaron una ficha para acceder a realizar las pruebas pertinentes.
Así, un domingo por la mañana, realizó la prueba en la Ciudad Deportiva. Allí estaban el señor Pozo y tres o cuatro técnicos más. “Entré en la segunda parte, y cuando finalizó la prueba me dijeron que el miércoles me pasase por las oficinas del Estadio Bernabéu; allí me dijeron me tenía ficha y esa misma semana fui a entrenar con el Infantil B, y a mitad del entrenamiento me dijeron que me fuese a entrenar con el Infantil A”, recuerda con precisión milimétrica Ricardo Gallego.
Campeón de España Gallego siempre fue un adelantado a su edad y jugó en equipos superiores y con compañeros que le superaban en edad. Estuvo tres años en el Infantil A, con el que se proclamo campeón de España en la primera campaña, jugando la final en Atocha (San Sebastián) contra el Barcelona. En aquel tiempo, el que más destacaba en el equipo era Vicente Blanco, un jugador que sustituyó a Amancio en su homenaje y del que se dijo que era el sustituto natural de “El Brujo”.
El Castilla y la gesta de la Copa del Rey La etapa del Gallego en el Castilla se puede calificar de triunfal. Temporada a temporada contribuyó a hacer grande al equipo hasta llegar a disputar una final de la Copa del Rey, una gesta nunca realizada y que ya no tendrá parangón en el futuro. “En el primer año subimos al equipo de Segunda B a Segunda A -comenta Gallego-; en el segundo año nos mantuvimos en la categoría y en el tercer año jugamos la final de la Copa del Rey”. Paradójicamente, de aquel equipo sólo Agustín, Paco Pineda y Gallego subieron al primer equipo. “Sí, pero si miras los nombres de aquella plantilla –añade Ricardo-, te darás cuenta de que todos los jugadores de entonces jugaron en Primera, sino en el Madrid, sí en distintos equipo de la Liga española, y durante muchos años; en aquellos tiempos se llegó a completar un equipo muy importante.
En 1980 nuestro Club protagonizó un hecho que no ha tenido ni tendrá parangón en el fútbol español, al disputar la final el Real Madrid y su equipo filial, el Castilla. Los “pequeños” de la Casa se fueron cargando uno a uno a equipo de la talla del Hercúles, Sporting de Gijón y el legendario Athletic de Bilbao, equipo copero por excelencia. “A pesar de que nosotros hubiésemos ganado a equipos de Primera División como los anteriormente citados, estaba claro que por mucha que nos esforzásemos, por mucho que todo nos saliera perfecto, por mucho que la fortuna estuviese con nosotros, la victoria era una hazaña imposible”, comenta Ricardo Gallego. “Además -prosigue-, se había hablado tanto de nosotros, de la final, que los mayores, los del Real Madrid se lo tomaron muy en serio. Para ellos, jugaban contra el segundo equipo”. El Madrid no titubeó y uno a uno le endosó media docena de goles a los “pequeños” que pusieron todo su saber en la contienda. “La realidad, es que el 6-1 final establece la distancia que había entre nosotros y ellos”, sentencia Ricardo.
Lo cierto es que cuando el Real Madrid se lo tomaba en serio estaba a un nivel mucho más alto que el Castilla, y así les fue. Pero hasta llegar a esa final, los chicos entrenados por Juanjo tuvieron que encadenar una serie de victoriosas batallas ante rivales mucho más poderosos que ellos. El Estadio Bernabéu fue testigo de aquellas efemérides marcadas por la asistencia de miles y miles de aficionados que animaban sin desmayo a aquellas jóvenes figuras. “Hay una máxima en el fútbol que dice que cuando un equipo no se toma en serio a un rival, por inferior que pueda parecer, al final se te acaba subiendo a las barbas”, sentencia Ricardo Gallego. Pues bien, aquí se cumplió a rajatabla. El Castilla, que hasta entonces había eliminado a un par de equipos de su nivel deportivo, comenzó sus hazañas ante el Hércules, que en aquella época estaba en Primera División. “Allí hicimos un partido ‘normalito’, relata Gallego, con un resultado muy justito, pero cuando vinimos aquí, al Estadio Bernabéu, que era donde jugábamos en aquella época, les pasamos por encima endosándoles un 4-1”.
“Las eliminatorias más difíciles de aquella Copa fueron dos, la que jugamos contra el Sporting, que aunque empatamos a dos en Gijón lo pasamos mal. La verdad es que allí sí nos pasaron por encima. Ellos se lo tomaron muy en serio. Dieron varios palos (postes) y sacamos un resultado con mucha suerte. Sin embargo aquí comenzamos muy bien. Enseguida metimos los goles y se acabó. En el primer tiempo ya habíamos remontado la eliminatoria y en el segundo lo completamos. Luego, ante el Bilbao, en San Mamés, que aquí había arrancado un cero cero en Madrid; ellos no se imaginaban que en San Mamés pudiéramos hacer algo importante. Ganamos 1-2 y salimos de “La Catedral” aplaudidos por todo la afición bilbaína puesta en pie”.
Tras la gesta copera que tanto dio que hablar, y después de unas merecidas vacaciones, Gallego se incorpora al primer equipo, donde se encuentran aquellos jugadores que no hace mucho tiempo él coleccionaba en cromos. Ahora los tiene de compañeros para compartir penas, las menos, y alegrías, las más. Ricardo Gallego estuvo nueve temporadas seguidas en las que ganó, entre otros trofeos, cuatro Ligas, dos copas de la UEFA dos del Rey, una Copa de la Liga, tres trofeos Bernabéu… etcétera.
“La primera temporada es difícil, porque vienes
del Castilla y te encuentras con aquellos jugadores de los que hasta hace poco
tiempo guardabas en cromos. Eso impone mucho”, nos dice Gallego. Comienza
jugando de libre y luego alterna ese puesto con el centro del campo, dos
posiciones, dos maneras distintas de jugar en las que Gallego se desenvolvió
como pez en el agua durante las nueve campañas en las que jugó en el primer
equipo.
Sin embargo, la suerte iba a ser esquiva con el jugador en los primeros momentos: En un partido ante el Betis sufre rotura del tendón de un tobillo. Tras la operación pertinente llegó un período de recuperación que duró hasta el inicio de la campaña siguiente. Si ya fue malo estar varios meses en el dique seco, peor lo fue el añadir a eso el no poder participar en la final de la Copa de Europa, ante el Liverpool, jugada en París, en 1981. Partir de cero A Gallego no le queda más remedio que iniciar su segunda temporada partiendo de cero. El jugador vence todos los obstáculos y comienzan a llegar las recompensas a nivel personal. Se hace con un puesto fijo en el equipo y esa misma campaña es llamado para la Selección de España. Sin embargo aún quedan por llegar los premios “gordos”. Las primeras cuatro campañas son de una sequía tremenda. La Real Sociedad por dos veces “in extremis” evita que el título de Liga viaje a Madrid. Luego es el Athletic de Bilbao, quien lo impide.
Deja Di Stéfano la dirección técnica y llega Amancio para dirigir al equipo. “Comenzamos una Liga bastante irregular, pero sin embargo acabamos disputando el título al Barcelona y al Athletic, que quedó campeón. Luego, en la temporada 1984-85 ganamos la primera copa de la UEFA, competición en las que aparecen las famosas remontadas europeas”. A partir de aquí, cambia el panorama se gana otra copa de la UEFA y cuatro Ligas consecutivas. Es la época del ensamblaje de la “Quinta del Buitre” con jugadores como Gordillo, Buyo, Hugo Sánchez o Maceda, y los “históricos” Camacho, Valdano, Juanito, Santillana y Gallego.
Libre o centrocampista, siempre en primera línea
Ricardo gallego alternó el puesto de libre con el
de centrocampista, que era su posición natural en el campo, y siempre lo hizo
con éxito, dando la cara, batiéndose con los atacantes rivales o creando el
juego de su equipo. Lo hizo con el compromiso que había adquirido con su Club,
con el que defendía y que coincidía con el que llevaba en el corazón. Siempre
en primera línea, sin volver la cara. . Sus condiciones físicas y técnicas le
permitían desenvolverse a gran altura en ambas posiciones.
Ricardo Gallego es uno de los elegidos a la hora de defender la camiseta roja de España. En su haber, con más de medio centenar de apariciones entre todas las categorias. Dos Mundiales y dos Europeos en su haber, y a punto de rozar la gloria en Francia, donde fue considerado el “Mejor Líbero” del campeonato, y México, donde entró por méritos propios en el “Once ideal” del mundial. Además, su aventura italiana y el regreso al Real Madrid, ahora como director del departamento de Palcos VIPS, ocupan este capítulo. Debuta con José Emilio Santamaría como seleccionador, en los meses previos al Mundial de España, contra Escocia como rival (3-0). Su debut no puede ser más afortunado, marcando el tanto que cerraba la goleada española. Juega todos los partidos de preparación para el mundial, entre febrero del 82 y el inicio del campeonato. “Luego, comienza el mundial y tengo un problema en la rodilla y cuando me recupero Santamaría no me saca. Juego un partido, contra Irlanda. Luego llegamos al Bernabéu, y el seleccionador me dice que es mucha presión que juegue, etcétera, y no lo volví a catar”. Más tarde llega Miguel Muñoz y siempre que Gallego no estuvo lesionado fue convocado.
Luego llegó México-86, un mundial en el que España estuvo a punto de dar la sorpresa “fuimos con un equipo bastante fuerte”. Gallego es elegido en el “Equipo ideal”. Aún participó en el Europeo Alemania 88. “Aquí ya empieza haber una revolución en la selección. Nos toca un grupo difícil con Dinamarca, Italia y Alemania”. Aquí finaliza la andadura, larga andadura de Ricardo Gallego en la Selección.
Cercano a los 31 años, gallego piensa que ya le ha dado lo mejor de sí mismo al Club, y como responsable que es no desea ganarse la ‘sopa boba’ acepta una oferta que le llega desde Italia. Además, había alguna cosa dentro del club que no le cuadraba, y como Gallego es una persona muy fija de ideas, se fue. “No quería que nadie pudiera decir que me habían regalado algo o que le habían echado del Club de sus amores, ni que estaba por compasión. Por otra parte, acababa de recoger la Copa del Rey de manos de Su Majestad, que habíamos ganado ante el Valladolid en el Calderón”.
Juega un año en el Udinense y vuelve a España,
enrolándose en el Rayo, “aunque pude volver a Primera porque el Zaragoza fue el
primero en hacerme una oferta, pero ya no me apetecía moverme de Madrid”.
Después de un año llega Camacho, como entrenador, y el equipo sube a Primera.
En pleno éxito por el ascenso, Gallego se retira del fútbol como jugador: “Me
retiro porque esa temporada tuve problemas con el tobillo”. Estaba claro que el amor entre Gallego y el Real Madrid tenía visos de ser casi, casi eterno. Tras dos temporadas en el Rayo como asesor de la Secretaría Técnica, Aparece la posibilidad de crear una sociedad que gestione unos palcos que se están construyendo en el Bernabéu. Una empresa "Palcos Blancos", que llevó todo lo que se refiere a los palcos hasta que el Club se da cuenta que es un patrimonio que debe de recuperar y después de siete u ocho años de andadura en Palcos Blancos, como fundador y trabajador de esta empresa, el Madrid recompra esos derechos de nuevo y a la vez incorpora a Ricardo Gallego y a su equipo para que sigan realizando su trabajo ahora para el Real Madrid. Una decisión más que acertada, porque con Gallego como director –al igual que cuando jugaba al fútbol- los palcos madridistas crecen y crecen cada temporada, con un ganado prestigio que llena de satisfacción a usuarios y al Club.
“Jugar en el Real Madrid me ha supuesto un inmenso orgullo. Es ser del grupo de los elegidos. No muchos pueden decir que han nacido en Madrid, que desde que tenían uso de razón han sido del Madrid y que al final han llegado a jugar en el Madrid. Y que además, han sido internacionales con la selección española y están en un cuadro en la Sala de Trofeos del Real Madrid”. “No permití recibir chantajes ni nunca pedí ayuda. No he intentado aprovecharme de nada ni ser más famoso por ser más gracioso o por hacer algo distinto a lo que era mi trabajo. Indirectamente todas esas cosas te las tienen en cuenta. Si la prensa “no te da bola” parece es que no has pasado por el Club. Me han exigido, me han pitado o me han aplaudido como a todos”. “No es fácil jugar en el Real Madrid, porque la afición es muy exigente. Nunca me he sentido presionado. Hice las cosas como sentí que tenía que hacerlas”. “Lo de “Soso” viene por mi manera de hablar, de expresarme. Sé que hablo lento, que hablo pausado, que no me altero mucho hasta que no se rebosa el vaso. El autor del mote de “Soso” fue García Hernández. Los motes se ponen para la gente con la que tienes confianza”. Historial y palmarés
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