Real Madrid
 


Es protagonista del traspaso más caro del fútbol mundial. Detrás de los 13.000 millones que costó su fichaje por el Real Madrid está la biografía de un hombre justo y recto, de un héroe discreto convertido en un símbolo de la Francia multiétnica. Por Jean Issartel.

Dice que su nombre es Zaïd Zidat, y que Zidat es el apellido original de los Zidane. Explica que la administración francesa deformó el patronímico de su hermano Smaïl a comienzos de los años cincuenta, cuando éste abandonó Argelia para emigrar al otro lado del Mediterráneo. Este anciano es el tío de Zinedine Zidane y vive en Aguemoune, un pueblo de 9.000 almas en la mísera Cabilia. Él también fue a Francia, como su hermano, unos años antes de que Argelia obtuviese su independencia. Pero, al contrario que su hermano, siempre conservó en su cabeza la idea de volver a su país. Lo hizo a mediados de los años setenta, y se acuerda de las dos únicas ocasiones en las que vio a su sobrino Zinedine, cuando sus pantalones cortos no eran todavía calzones de fútbol.

“Zizou, como le llaman ustedes, vino a pasar las vacaciones en el país de sus antepasados cuando sólo tenía seis o siete años. Su padre, Smaïl, vuelve todos los años, desde siempre. Zinedine no necesita venir hasta aquí para que se me hinche de orgullo el corazón, como el de todos los habitantes del pueblo. Un cartel suyo que ocupa el lugar de honor en la tienda de comestibles recuerda a todos, todos los días, que es de aquí, que su sangre es la nuestra, que es como nosotros. Porque se parece a nosotros, es cabileño, y se nota. Nosotros somos un pueblo de guerreros y poetas, y Zinedine es así, lucha sobre el terreno, es capaz de batirse para ayudar a un amigo o rechazar una injusticia; pero, a pesar de esa cualidad –o, mejor dicho, gracias a ella–, sabe crear belleza, como Idir y otros grandes poetas. Zizou reúne todas las características del pueblo cabileño. Es nuestra gloria, y nos llena de bienes sin que tengamos que pedirlo”.

Así es en todo… Zinedine Zidane actúa en la vida como en el deporte. Mejora la situación de quienes le rodean sin pretenderlo, sin grandes aspavientos. Los entrenadores saben siempre que Zizou hace “que jueguen mejor sus compañeros”, y los políticos han aprendido que presenta mejor que nadie sus propuestas. El 13 de julio, en Moscú, para apoyar la candidatura parisiense a la organización de los Juegos Olímpicos de 2008, fue él quien acompañó al primer ministro, Lionel Jospin; a éste se le veía claramente encantado de codearse con Zidane, al que define como “la más hermosa expresión de una Francia generosa, abierta y con talento”. Y aunque el discurso del mejor futbolista francés no bastara para cambiar el curso de la historia olímpica, aprovechó una vez más para referirse a los bellos símbolos que él mismo había vuelto a poner de actualidad el 12 de julio de 1998.

Aquella noche, minutos después de exhibir la Copa del Mundo, confesaba: “Sí, estoy feliz de hablar de fraternidad. Y todavía más feliz de saber que mi imagen sirve para transmitir ese valor. Esta selección francesa, compuesta por hombres de todos los orígenes, ha transmitido un mensaje, un gran mensaje. Estamos orgullosos de haber ganado con la camiseta azul de la selección francesa”.

En Moscú estaba encargado de hacer lo mismo. Así que se dirigió a los miembros del COI, mientras no le quitaba los ojos de encima Marie-Georges Buffet, ministra francesa de la Juventud y los Deportes, que en varias ocasiones ha manifestado su respeto por él. Zizou habló sólo un minuto, pero dejó clara, una vez más, toda la fuerza simbólica de lo que representa. Dijo: “En la Copa del Mundo de 1998, ustedes no vieron a 11 jugadores, un balón y tres goles. Vieron una nación multicolor, que se contempló a sí misma y se quiso más”.

En su ojo dorado se observa también el reflejo del barrio de La Castellane (Marsella), en el que pasó su niñez. El mero hecho de que Zinedine sea de allí ha contribuido a modificar las mentalidades, a trastornar el orden de las cosas, que se creía inmutable.

“No tiene una varita mágica, no ha hecho desaparecer el paro, la violencia, la droga o el racismo”, dice sonriente Mahmoud Kerkouri, animador de barrio que trabaja para el Ayuntamiento de Marsella. “Su labor es mucho más sutil, mucho más difusa y, por tanto, difícil de cuantificar. Zizou, con su mera existencia, ha demostrado a los habitantes de la ciudad que, si respetaban ciertas normas, también ellos podían triunfar en la vida; ha demostrado a las gentes de fuera que de ese universo de hormigón podían salir cosas buenas. Ha acostumbrado a todo el mundo a una idea hermosa: las flores más bellas no crecen obligatoriamente en los jardines de las mansiones burguesas, y, si nos molestamos en cultivarlas, pueden brotar también del cemento. Le daré un ejemplo sencillo: el Estado decidió dar el estatuto de puerto franco a algunos rincones desfavorecidos para otorgar nuevo impulso a la economía local y combatir el paro mediante la exención de impuestos para las empresas que se instalasen allí. De acuerdo con ese proyecto debía construirse un inmenso centro comercial en Marsella. Pues decidieron construirlo junto a La Castellane, con lo que se crearon decenas de puestos de trabajo en el barrio. Y aunque nadie puede decir que Zizou tuviera que ver con la elección, yo estoy seguro de que el hecho de que él sea de aquí, que creciera y aprendiera a jugar aquí, fue algo que los políticos tuvieron en cuenta, de forma inconsciente, a la hora de hacer ese regalo a nuestra comunidad. Ahora, el nombre de La Castellane está unido al de Zidane; antes, lo que sugería era la imagen de los camellos”.

Sigue habiendo camellos en la enorme explanada dominada por las torres de HLM. Ofrecen hachís, y a veces heroína, a los jovencitos acomodados que llegan aquí en moto o en coche desde las proximidades del velódromo o la Jefatura de Policía, en el centro de Marsella. Los drogadictos del barrio van a proveerse directamente a los bares de la zona del puerto autónomo, a menos de un kilómetro hacia abajo de la ciudad. Allí, el placer artificial es más barato, aunque conseguirlo es una aventura más arriesgada y aleatoria. Por esas calles uno va alerta, con los nervios a flor de piel y el golpe fácil. Los estibadores se mezclan con los marineros y se dedican a los negocios más turbios, que son de los que viven ellos y sus familias, muchas veces en las torres HLM más cercanas, las de La Castellane. Desde los pisos más altos hay unas vistas magníficas sobre el Mediterráneo.

En realidad, es un pecado haber construido esos inmuebles monstruosos en medio de un paisaje tan paradisiaco. Seguro que fue cosa del diablo. Porque la intervención de Dios, desde luego, es Zinedine. Para el cura del lugar no hay ninguna duda. Qué más da que la familia Zidane sea de confesión musulmana. “Zinedine hace la voluntad del Todopoderoso porque ofrece a los niños del barrio una referencia positiva y generosa, y sobre todo una trayectoria llena de voluntad que sólo un hombre justo y recto podía llevar a cabo. Esta explanada, en la que a veces se vende la droga, es también el terreno de juego favorito de los chicos, porque saben que ahí es donde jugaba su ídolo. No pasa un día, sea invierno o verano, sin que se juegue ahí un partido de fútbol. Y no hay un partido de fútbol sin que un niño diga: soy Zidane”.

En la sede del club de fútbol del barrio, del que Zizou es mecenas y presidente honorario, el fundador, Lahcene Kanes, nacido en las islas Comoras, reivindica claramente la filiación del jugador. “Hemos fundado este club para que los jóvenes del barrio puedan soñar aún más con Zidane y seguir sus huellas si así lo desean. Por eso lo hemos llamado Asociación de Jóvenes de la Nueva Ola. Para dejar claro que queremos romper con el pasado, con la violencia, con la mala imagen de la ciudad. Está aquí, en nuestro barrio, pero todos son bienvenidos. Nos han llenado tanto los oídos con las historias de ‘Marsella, la ciudad más odiada de Francia’, con casos como el de los cañones que instaló Luis XIV alrededor del puerto, pero orientados hacia la ciudad en vez de hacia el mar y los posibles invasores, que nos habíamos vuelto paranoicos… Hay que abrirse a los demás, y eso es lo que estamos haciendo. Zinedine es un ejemplo perfecto: dejó el barrio para asistir al centro de formación de Cannes, luego fue a Burdeos, después a Turín y por fin a Madrid. Tenemos que ser viajeros, y para eso debemos estar orgullosos de nuestras raíces, pero también contar con los medios para desplegar nuestras alas. Como los Zidane, que vuelven periódicamente a visitarnos. Y cada vez que vienen, durante una semana los chicos prestan más atención en el colegio y en los entrenamientos de fútbol”.

Un cargo local añade que “aunque Zizou, o al menos su imagen, esté a disposición de una gran marca deportiva, sus jóvenes admiradores no son tontos y no le consideran un ídolo frío al que es preciso imitar vistiéndose igual que él. En ese aspecto, Zinedine es muy distinto de Michael Jordan y otros. Aunque le utilicen para vender zapatillas, con la publicidad se transmite un mensaje positivo que podría ser el siguiente: todo esto no son más que apariencias, y las apariencias pasan a un segundo plano respecto al trabajo, la voluntad y el respeto a sí mismo y a los demás. No hay más que ver de qué forma utiliza Adidas a Zizou como comunicador para comprender que los publicitarios han comprendido perfectamente que el cinismo ya no está de moda, sobre todo cuando se trata de Zidane”.

En Marsella ya no se puede hablar de comunicación para describir lo que hace Adidas con Zizou. Es más bien un culto organizado, del que da fe el inmenso retrato de Zinedine, con el lema “Made in Marseille”, que domina la entrada a la Corniche, frente al mar, justo por debajo de Nuestra Señora de la Custodia, la estatua dorada de la Virgen que vela sobre Marsella. Smaïl reprime un arrebato de orgullo cada vez que ve a su hijo homenajeado de esa forma. Porque el venerable patriarca es así, intenta siempre no atribuirse ninguna parcela de lo que pertenece a otro, aunque sea un pedazo de la gloria de su hijo. “Es verdad que casi me violenta cuando me hablan de él, de la educación que le he dado. Estoy feliz y orgulloso, pero no presumo de nada. Sólo he intentado transmitir a mis hijos los principios que consideraba míos. El respeto, el trabajo, la rectitud. Yazid [así es como llaman a Zinedine sus más allegados, por su segundo nombre] siempre fue un buen chico, como sus hermanos y su hermana. Sé que la gloria no le va a cambiar. Si fuera a volverse vanidoso, a desviarse del camino y a traicionar sus valores, ya lo habría hecho hace mucho tiempo. Creo que si las gentes que le idolatran pudieran vivir con él unos días les sorprendería su sencillez, su normalidad…, y le querrían todavía más. Posee una cualidad esencial: respeta a los demás, en toda circunstancia, y aunque fuera diez veces campeón del mundo, eso no le cambiaría”.

Es esa rectitud transmitida, que se resiste a la gloria y al dinero, la que debió de seducir a La Castellane, Marsella y toda Francia. Zidane es un modelo porque es un héroe que vive y se comporta como un hombre cualquiera; es un modelo porque es rico y generoso, pero gasta muy poco en sí mismo; es un modelo, sobre todo, con el que todo el mundo puede identificarse, porque no oculta sus orígenes, pero tampoco se vanagloria de sus diferencias.

Christophe Albertini, psiquiatra marsellés, conoce bien a Zidane y entiende de fútbol. Ayuda regularmente a los dirigentes y ojeadores del Olympique de Marsella a establecer los perfiles psicológicos de los jugadores, a ponerles en las mejores condiciones de trabajo en esta ciudad en la que la pasión de los aficionados raya en la locura. Tiene tratos tanto con el alcalde como con los voluntarios que trabajan en barrios difíciles como el de La Castellane. Por consiguiente, ha podido observar los cambios que se han producido en la mentalidad de los habitantes. Para él, “es evidente que hay un antes y un después del 12 de julio de 1998, e igual que en Marsella, en toda Francia. La victoria en la Copa del Mundo sirvió para dar validez, ante los ojos de todos, al modelo de un país multicultural, multiétnico y multiconfesional. Toda Francia se reconoció en esa selección formada por todos los colores que viven entre nosotros. Era una lista digna de Prévert: dos armenios, un canaco, un magrebí y un antillano de los barrios periféricos; un jugador del departamento francés de Ariège y dos de Nantes, uno de los cuales había nacido en Ghana; un alesiano y un parisiense, además de un bretón, y todos dirigidos por un cabileño de Marsella… Aquel grupo heteróclito ganó, fue el mejor equipo de fútbol del mundo, y, por tanto, realzó el modelo y sobre todo llenó de orgullo a los franceses, que se vieron reflejados en un espejo y victoriosos. La gente habría podido sentirse arrogante y, por tanto, agresiva, pero no fue así por una sencilla razón: la selección de Francia venció a sus adversarios, pero Francia y los franceses habían albergado el campeonato, es decir, habían acogido al mundo entero. Fue la situación ideal, y todas las encuestas muestran que los franceses nunca han tenido una moral tan alta como desde aquel 12 de julio de 1998”.

También sirvió para que cambiara el paisaje político francés. “No se puede decir”, prosigue el doctor Albertini, “que Zidane, por sí solo, hiciera retroceder al Frente Nacional, pero es evidente que el triunfo de Zizou y sus compañeros fue un duro golpe para las teorías racistas que propagaba el partido de extrema derecha. Es más, la selección francesa atacó precisamente el terreno en el que se cultivaban esas ideas excluyentes. Zidane hizo que su barrio y su ciudad se sintieran orgullosos, que Francia estuviera segura de sí misma, feliz, triunfante y victoriosa. Y las personas orgullosas de lo que son no tienen deseos de excluir a nadie, sino, al contrario, de integrar a todos para poder ver en los ojos de los recién llegados el orgullo que da el sentimiento de pertenecer. Los franceses se sentían desmoralizados y no sabían por qué. Tenían miedo al otro, al extranjero, y el Frente Nacional atizaba ese miedo. Pero ¿cómo temer al otro cuando se le ha vencido en un terreno tan simbólico como el fútbol?, ¿cómo negarse a ser generoso cuando todo demuestra que esa victoria nació de la generosidad de los franceses, que habían dado acogida a los padres de aquellos jóvenes jugadores que hacían historia con la selección? Éstas no son preguntas que el pueblo se haga de forma explícita. Las responde intuitivamente, y la respuesta es el declive temporal del Frente Nacional”.

Smaïl Zidane no quiere mezclarse en las luchas políticas. A lo largo de la esforzada vida que ha pasado en Francia ha terminado escaldado por demasiadas mentiras. Su idea –y la de su hijo– es que “el objetivo no es predicar a quien sea, sino limitarse a ser bueno en lo que se haga”. Ésa es otra razón por la que Zinedine Zidane resulta creíble, porque no presume de ser ejemplar, ni siquiera pretende ser un modelo, y cuando asegura querer “dejar huella”, dice que se refiere únicamente a la historia del fútbol. Su papel social lo asume como su papel en el campo: “No tengo alma de charlatán. Si alguna vez debo trazar un camino, lo haré con mis actos y no con palabras”.

Es cierto, Zidane no dice nada para que sus compañeros jueguen mejor. Actúa, en el campo y en la vida. Y eso ya es bastante.

Nota: Jean Issartel es periodista del diario 'L'Equipe' y ha escrito este artículo especialmente para 'El País Semanal'.
Zinedine Zidane tiene su propia página en la Red: http://www.zidane.fr

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