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Real Madrid 7 - Eintracht de Francfort 3 |
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El
Barcelona causaba enorme impresión con su plantilla Se
emparejó con el CDNA búlgaro, viejo conocido del Atlético, y tras
igualar a dos en Sofia aplastó a su oponente en la ciudad condal por 6-2.
Otro toque de atención en los octavos de final fue su doble victoria
sobre el Milan, con 2-0 en San Siro y 5-1 en Barcelona. En su
eliminatoria, el Real Madrid encontró en el Jeunesse d'Esch luxemburgués
una pieza para devorar. Siete goles por ninguno en contra, en el Santiago
Bernabéu, con la aportación de Puskas (tres tantos), Chus Herrera (dos),
Mateos y Di Stéfano. En este encuentro efectuó su presentación Herrera,
un chaval fenomenal y con mucha clase en sus botas, que moriría tres años
después en plena juventud. En la vuelta, yo no jugué, ganamos 5-0 y
golearon Mateos (dos), Vidal, Puskas y Di Stéfano. La marcha de Barcelona
y Madrid seguía convergiendo camino de una semifinal inolvidable. En
cuartos de final, los azulgrana se encontraron con el Wolverhampton inglés,
nosotros con el Niza francés. Nueva demostración de poderío del
conjunto barcelonista que, en una extraordinaria línea de juego, arrolló
a los "lobos" por 4-0 en el Camp Nou, con goles de Kubala (dos),
Villaverde y Evaristo, y por 5-2 en su propia guarida, con cuatro tantos
de Sandor Kocsis, que causó sensación. Villaverde marcó el quinto.
Confiando en su evidente superioridad, los azulgrana "se
olvidaron" en la ciudad condal nada menos que a estos cinco
delanteros: Tejada, Ribelles, Evaristo, Kubala y Czibor. Del
Sol y Pachín, dos nuevos fichajes ante la visita azulgrana Para
olvidar fue nuestro primer encuentro frente al Niza, en su terreno. Por
segunda vez en la competición no jugó Di Stéfano. Herrera y Héctor
Rial, en dos medidos pases de Puskas, nos adelantaron en el marcador, pero
en la segunda mitad, por cansancio o exceso de confianza, un tal Nuremberg
nos colocó tres goles, uno de ellos en un ridículo e inexistente
penalti. No jugamos bien, pero no es cierto, como se insinuó, que nos habíamos
dejado remontar para reforzar la taquilla de la vuelta. No encontramos
rival en el Bernabéu, pese a que jugamos con desorden y con poca
profundidad. El Niza, duro y veloz, pero sin clase, encajó un inapelable
4-0, con tantos de Pepillo, uno mío, otro de Alfredo y el cuarto de
Puskas, quien falló en el lanzamiento de un penalti. Como en la edición
cuarta, el choque de pesos pesados españoles se produjo en semifinales.
El panorama era negro para el Madrid. Los números del Barcelona
impresionaban y su exhibición ante "los lobos" había sido
considerada como lo más lucido de toda la competición, mientras Luis Suárez
ganaba enteros en su competencia con Alfredo Di Stéfano por el título de
primera estrella de Europa. También velábamos armas con mucha confianza.
El Madrid había incorporado a Luis del Sol, un jugador de fuelle, que iba
a representar el papel de enlace entre el centro del campo y el ataque, y
Pachín, un buen defensa. Se confiaba mucho en la aportación de estos dos
fichajes. Santiago Bernabéu, excepcionalmente, se vino desde Santa Pola
para apoyar al equipo y Miguel Muñoz, que acababa de tomar las riendas
del dimitido Fleitas Solich, preparaba la batalla. Un 21 de abril de 1960
se jugó el encuentro de ida. Aunque con menos descaro que en la temporada
siguiente, nos perjudicó el árbitro inglés Leafe. Pero nuestra
velocidad y empuje eran suficientes para apagar la clase y la técnica de
un frío Barcelona. Del Sol, en el centro, cerraba el camino a las figuras
azulgranas y justificaba su incorporación. El primer gol, apenas cumplido
un cuarto de hora, lo consiguió Di Stéfano en un cabezazo en plancha, a
centro de Puskas. Once minutos después, superé a un nervioso Flotats y
dejé el balón a los pies de Puskas, que no tuvo más que empujarlo con
la derecha. Mientras la goleada se esfumaba por verdadera mala suerte, el
colegiado nos ponía la zancadilla con un par de decisiones funestas. Dio
por válido un gol en fuera de juego de Eulogio Martínez -Domínguez dejó
pasar la pelota convencido de su ilegalidad- y no castigó un penalti como
un templo de Gensana que agarró con las dos manos un balón dentro del área.
De mi aportación recuerdo un tremendo disparo que no se convirtió en gol
porque se interpuso la cabeza de Flotats, que estuvo un buen rato
conmocionado. Cuando el tiempo se consumía, Di Stéfano aprovechó una
mala salida de Ramallets, que había estado formidable, y de cabeza sumó
el tercer tanto del encuentro. Del Sol, Antonio Ruiz, Di Stéfano,
Marquitos y Pachín destacaron y, en cuanto a mi labor, quedé satisfecho.
Luis Suárez fue eclipsado por Del Sol. No
goleamos en el Bernabéu porque no acompañó la suerte Helenio Herrera se tragó sus fanfarronadas de la ida y las multiplicó antes del partido de vuelta afirmando que el Barcelona no sólo eliminaría al Madrid, sino que también derrotaría al Eintracht de Francfort, el otro presumible finalista. El inglés Ellis, de desdichada memoria en la temporada siguiente, en esta ocasión estuvo espléndido. No hubo color en el choque. Ni el Barcelona remontó el marcador del Bernabéu ni tampoco fue capaz de ganar. El resultado fue contundente, un 3-1 a nuestro favor. Sería injusto destacar a ningún jugador madridista porque todos respondimos a la perfección. Di Stéfano, recibido con bronca, terminó siendo ovacionado; Puskas jugó lo que quiso; Marquitos secó él solo a los delanteros azulgranas; Del Sol se creció y, personalmente, creo que jugué uno de los mejores partidos de mi vida. Puskas obtuvo nuestro primer tanto; el segundo fue mío, en un duro disparo a pase de Del Sol, y el tercero también se lo apuntó "Pancho" a pase de Canario. Cuando todo estaba sentenciado Kocsis acortó distancias. En Glasgow nos esperaba el poderoso Eintracht de Francfort. No comenzó bien la final para nosotros. Tuvimos un cuarto de hora de despiste y nervios y cuando marcó el Eintracht, que jugaba con fuerza y genio, temimos lo peor. Pero el Madrid no se rendía así como así. Comenzamos a tomar el mando y pronto nos hicimos dueños de la situación. Dos goles de Di Stéfano en tres minutos, al borde de la media hora, en dos jugadas de Canario, desequilibraron la contienda. El conjunto alemán estaba desarbolado y el tercer tanto de Puskas, al borde del descanso, fue definitivo. Luego, arrollamos al Eintracht con nuestras armas, velocidad, coraje y clase, en la mejor final europea del Madrid. El cuarto tanto lo marcó Puskas, al transformar un penalti que me hizo un defensa y en el quinto también intervine con una escapada que culminó Puskas, de cabeza. El propio Ferenc alcanzó el sexto en un disparo terrorífico. Di Stéfano cerró el festival. El Real Madrid era pentacampeón de Europa. Sería injusto destacar a ningún jugador porque todos rayamos a gran altura. Acaso a Puskas, genial, con cuatro goles antológicos. |
Ficha Técnica: Real
Madrid: Eintracht
de Francfort: Goles: 0-1.
Kress min.10 Incidencias: |
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