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Real Madrid 2 - Fiorentina 0 |
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El
Rapid planteó el partido de Viena como una batalla Nosotros
tuvimos que lidiar con un miura de aúpa. En el Bernabéu ganamos por
cuatro a dos en un choque terrible, violento, en el que todos los
jugadores terminamos molidos. A Raymond Kopa, que se estrenaba en el
equipo, le dieron una auténtica paliza. Pese a todo cumplió con una gran
actuación, lo mismo que el resto del equipo. Di Stéfano y Marsal, dos
goles cada uno, marcaron para nuestro equipo. Pero el partido de Chamartín
fue un paseo comparado con el de vuelta, en el Prater, donde estuvimos en
un tris de quedar eliminados. Al minuto de juego, Oliva se retiraba con la
rodilla destrozada por un brutal planchazo de un tal Dients, con lo que
nos quedamos con diez, porque ya se sabe que no había sustituciones.
Juanito Alonso se fracturó un dedo, pero con enorme valentía siguió en
el campo. Ernst Happel, que sería luego seleccionador austriaco, marcó
los dos primeros goles y al descanso llegamos con un desalentador 3-0 en
contra, eliminados. La tremenda bronca de Santiago Bernabéu en el
descanso tuvo un efecto fulminante porque, aún con diez, acortamos
distancias un tanto de Di Stéfano y forzamos el tercer encuentro de
desempate, que se disputó en nuestro terreno, en el Bernabéu, gracias a
una hábil maniobra de Raimundo Saporta. Esta vez, la superioridad blanca
fue contundente. Ganamos por 2-0, con goles de Joseito y Kopa. La tercera
eliminatoria fue coser y cantar. Nos enfrentamos al Niza francés, al que
superamos con comodidad en Chamartín, 3-0 con goles de Mateos (2) y
Joseito, y también en su terreno, 3-2, con tantos de Di Stéfano (2) y
Joseito. Entre tanto, el Athletic de Fernando Daucik se las veía con el
poderoso Manchester, que en dieciseisavos había arrasado al Anderlecht
belga por un global de 12-0, con 0-2 en Bruselas y 10-0 en la capital
inglesa. El fantástico récord lo superaría posteriormente el Madrid con
un 13-0 total al Boldkluben de Odense (Dinamarca). En San Mamés 5-3, tras
un formidable encuentro de los leones, que merecieron una ventaja más
holgada; en Old Trafford, donde Fernando Daucik planteó el partido con
alguna táctica rocambolesca como alinear al defensa Etura de delantero
centro, cayó el conjunto español por 3-0, con lo que se evitó el duelo
entre madridistas y rojiblancos en semifinales. El enfrentamiento Real
Madrid-Manchester supuso un hito en la historia de la Copa de Europa.
Nunca habíamos jugado ante equipos ingleses, ni siquiera británicos. El
Manchester, que en octavos ya había pasado sus apuros ante el Borussia de
Dortmund, al que sólo pudo derrotar por 3-2 en su guarida y empatar sin
goles en terreno alemán, lo que supuso una buena dosis de optimismo para
los madridistas, aterrizó en Barajas acompañado de una legión de
periodistas. Llegaban en plan triunfador. Aunque el meta inglés Wood fue
el ángel salvador de su equipo en varias ocasiones y mantuvo a cero el
marcador en el primer tiempo, en el segundo profundizamos más, pese a la
dureza inglesa, y Rial, en un cabezazo en plancha a centro mío, abría el
melón. Era el minuto 17 y doce después Di Stéfano, en una jugada de su
escuela, arrancando desde la media, ponía el 2-0 en el simultáneo. Llegó
el tanto inglés, que no debió subir el marcador porque el balón no
rebasó la línea, pero a cuatro minutos del final Mateos aumentaba la
ventaja. "Fifirichi", asombrado, se dirigió al fondo Sur y se
quedó un largo rato con los brazos alzados y abiertos. La ovación lo
recompensó con creces. En
Old Trafford nos recibieron casi como unos criminales Los
periódicos crearon un ambiente terrible para el partido de vuelta.
Algunos escribieron duramente contra la violencia que, según ellos, habíamos
practicado nosotros. Todo falso cuando los únicos que sacudieron estopa
fueron los ingleses, en especial el medio Edwards. Está claro que los
jugadores no supieron encajar la derrota. Su capitán, el defensa, Byrne,
se atrevió a asegurar: "Eliminaremos al Real Madrid, aunque el
infierno se oponga". Con estos antecedentes, no es de extrañar que
en Old Trafford nos recibieran de uñas, aunque pronto les dimos un buen
calmante. Dominamos de punta a punta en el primer tiempo, con mucha
claridad de ideas y efectividad. Nos adelantamos con dos goles, lo que ponía
la eliminatoria en un inalcanzable 5-1, con tantos de Kopa, que estuvo
bravo como nunca, y de Rial, que aprovechó un rechace de Wood en un
fuerte disparo mío. Jugamos
un encuentro completo, que admiró a todos En
la segunda parte, retrasamos líneas y empataron, pero inútilmente. Aún
jugando con menos carácter ofensivo, dispusimos de varios balones para
marcar y sólo la desgracia lo impidió. El Madrid jugó un encuentro
antológico, desde el primero al último. Incluso mi marcador Foulkes me
felicitó al final por nuestro juego y por mi forma de correr. Lo que más
le admiró no era cómo corría sino cómo me paraba. Siempre le agradecí
el piropo, por lo que significaba de elogio de mi estilo de juego. La
Fiorentina fue un rival más difícil de lo que se presumía La final de la segunda Copa de Europa tuvo como escenario Santiago Bernabéu, en Madrid. Era el premio al ganador de la edición anterior. Era el 30 de mayo de 1957 y la Fiorentina fue el rival. No sé la razón, pero en el ambiente flotaba la idea de que el conjunto italiano era flojo, un chollo. La realidad era distinta. La Fiorentina demostró que formaba un bloque defensivo casi perfecto y un ataque temible. Nos planteó una batalla muy seria y sólo la eficacia del Real Madrid ante el gol en la segunda mitad sacó adelante el segundo título. Tras una primera mitad sosota, en la que no encontramos la puerta rival, aunque practicamos un fútbol de altura, y pudimos decidir en alguna de las múltiples jugadas de gol de que disfrutamos, en la segunda decidimos el choque. La igualada sin goles duró hasta el minuto 23 en que Di Stéfano transformó un penalti por una zancadilla a Mateos. Después, decidí yo. Fue un gran pase de Kopa, una buena carrera y un remate por encima del portero Sarti cuando se arrojaba a mis pies. Recuerdo que Zárraga, Marquitos y Torres estuvieron especialmente afortunados, aunque nadie desentonó. Fue una nueva ración de triunfalismo, con un recorrido por las abarrotadas calles de Madrid, en las que los aficionados expresaban su júbilo por esta nueva hazaña, que consolidaba al conjunto blanco como el más potente conjunto de Europa. |
Ficha Técnica: Real
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